Por arriba flores, por abajo temblores
Aunque las fiores están asociadas con la belleza y el amor, la vida de las mujeres que trabajan en las plantaciones de fiores en Colombia está lejos de ser romántica.Colombia es el segundo exportador de flores en el mundo, después de Holanda. Alrededor del 80% de la producción de flores, valorada en US $427 millones, va destinado a EEUU.
Sin embargo, la industria está enl`relltando acilsaciones por infriligir hlS normas laborales y de medio ambiente exigidas internacionalmente.
El caso de María es típico. Después de mes y medio en las plantaciones de flores tuvo que deiar el trabajo por orden médica. Su jornada era de 15 horas, con 15 minutos de descanso para almorzar, y debía manipular pesticidas altamente tóxicos. Cierto día, se desmayó en el trabajo.
<<Estábamos enfemios todo el tiempo>>, recalcó. <<Y si estás desnutrida, olvídalo>>. Además su pequeño hijo sufría de diarrea crónica. <<Mi teoría es que se hintoxicó cuando lactaba>>.
Aunque se vio obligada a dejar a su hijo con familiares que viven en otra región y todavía no encuentra un trabajo estable, dice que nunca regresará a trabajar en las plantaciones de flores.
Muchas personas como María, no sindicalizadas, están dejando el empleo. Pese a que Bogotá pasa por un desempleo crónico, las plantaciones de flores sufrieron el año pasado de escasez de mano de obra.
Los duenos han recurrido a tácticas como perifonear y repartir volantes anunciando vacantes y el pago de los beneficios de ley, pero las condiciones de trabajo no han mejorado.
Según Mercedes Sosa, presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores del Agro y Flores (Sintraglofior), el mayor problema que los trabajadores enfrentan es el cambio en las condiciones de contrato. La ley 50, aprobada en 1990, permite contratos a corto plazo, sin beneficios ni pensiones.
Sosa, trabajadora de fiores desde hace 22 anos, está siguiendo un juicio a su empleador. Sus condiciones de trabajo eran mejores que las de muchos, gracias a la gran organización de estos trabajadores, quienes ganaron beneficios sociales superiores a los requerimientos legales, descansos por desayuno y almuerzo, bonos de escolaridad, dieta alimenticia y ropa de trabajo adecuadas.
Dos anos después, sin embargo, todo cambió. <<Empezaron exigiendo irracionalmente una mayor productividad a gente que llevaba 15, 20 anos trabajando. Finalmente, ofrecieron un incentivo al que se retirara. Para quienes viven con el salario m~nimo (US$158), US $15,000 es mucho dinero. Consiguieron entonces deshacerse de todos los antiguos trabajadores, y ahora quieren reactivar sus operaciones bajo el sistema de contratos a corto plazo>>.
De 142 trabajadores de dos plantaciones, renunciaron todos menos ocho, quienes están demandando a la companía por infringir el convenio colectivo de trabajo. A pesar de que presentaron su denuncia en mayo, aún no reciben respuesta del Ministerio de Trabajo.
<<Las cosas se están deteriorando. Companías que permitían la existencia de sindicatos, actualmente están adoptando el nuevo sistema de contratos, porque pueden pagar menos sin ofrecer beneficios>>, dijo Sosa. <<Están perjudicando a los gremios, porque con los nuevos contratos pueden despedir al trabajador cuando quieran>>.
Sosa y otros activistas están tratando de crear formas alternativas de organización. Es el caso del grupo Flor de Trabajo, en Funza, ciudad de 600,000 habitantes en las afueras de Bogotá, donde el 50% de la pobiación trabajadora está empleada en la industria de las flores.
Desde hace seis años Flor de Trabajo publica un boletín en el que informa sobre los derechos laborales. Además ha constituido una guardería infantil y ha iniciado programas de alfabetización para las mujeres trabajadoras.
El sacerdote francés Felipe Toulemonde, quien ha trabajado durante los últimos 10 anos en Funza, dice que ante esta situación la parroquia está ofreciendo asesoria legal y asistencia médica y proveyendo espacio a los grupos vecinales.
Uno de los problemas que aborda la parroquia son los inadecuados servicios públicos. Las calles secundarias, sin pavimentar, están cubiertas de acua estancada y el consumo de agua es racionado estrictamente. La municipalidad distribuye semanalmente 800 litros de agua por casa, en muchas de las cuales hay más de cuatro familias.
El problema está agravándose por la industria de las fiores. Según una delegación de investigación conjunta suizo-alemana que visitó Colombia el año pasado, las companías de flores consumen el 77% del agua.
El grupo Cactus, con sede en Bogotá, vie ne impuisando la llamada Campana de las Flores. Junto con grupos de solidaridad eu ropeos, están nego ciando la creación de un <<sello de apro bación>> para la exportación de fiores, sobre la base de la protección a los trabajadores y el medio ambiente. Su campana, sin embargo, enfrenta la resistencia de la industria y del gobierno.
Presionados por la campana, la corporación alemana AgrEvo y la compañía suiza Ciba Giegy, productores de los pesticidas más tóxicos usados en el cultivo de flores, acordaron voluntariamente retirar los quimicos del mercado. Sin embargo, Bettina Reis, una de las organizadoras de la campana, informó que los químicos aún pueden adquirirse fácilmente.
<<Las flores, como producto, son un símbolo de amor, de afecto, un regalo de un hombre a una mujer. Este es un gran contraste con las condiciones de trabajo y los problemas de salud que enfrentan las mujeres que trabajan en las plantaciones de flores. Es una situación realmente triste, y conmovedora>>ß, diio Reis.
--DESDE BOGOTÁ, RACHEL OLSON, COLABORADORA DE NA.