Esclavos en la modernidad

¡El trabajo esclavo es una realidad conocida en este vasto país, pero está tan enraizado en las estrusturas prevalecientes, que no parece fácil superarlo.

<<No sé si soy ciudadano. Pero me gustaría ser más gente. Tengo mucho miedo de enfermarme, porque sé que no tendré asistencia médica>>.

Silvio Paulino tiene 54 años y gana mensualmente US $44 por cosechar naranjas de 6 a.m. a 5 p.m., de lunes a sábádo. Paulino, que es negro, nunca ha oído hablar de la Ley Áurea, como se conoce a la legislación que en 1888 abolió la esclavitud.

Sin derecho a ninguna protección laboral, Silvio gana menos de la mitád del salario mínimo oficial, unos $ 110, y no consigue pagar sus deudas en el mercado de Sitio Chavão.

Por incieible que parezca, la situación de Silvio acontece en pleno siglo XX, en Cidade de Rio Bonito, a sólo l50 km de Rio de Janeiro.

Y se repite en numerosos municipios de Brasil. Silvio es una de las 25,193 personas que en 1994 trabajaban en el país bajo el sistema de escla-vitud. Dicha cifra fue registrada por la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), órgano de la Iglesia Católica. En 1991, la cifra era de 4,883.

Hace años que el gobierno sabe de la situación, pero sólo recientemente creó un grupo interministerial, el Grupo Ejecutivo de Represión del Trabajo Forzado (Gertraf).

Según registros oficiales, el estado norteño de Pará da cuenta del 80% de todos los casos de trabajo esclavo.

Otros puntos críticos son las carboneras de la región de Montes Claros, estado de Minas Gerais, donde trabajan en situación degradante casi I () mil personas; y el estado de Mato Grosso do Sul, donde hay ocho mil casos, incluyendo indios y dos mil niñoss la mayoría entre 10 y 14 años.

<<Existe hoy un esclavismo moderno, en el que ya no hay grillos en los pies de los trabajadores, pero si condiciones de trabajo subhumanas>>, analiza el promotor del Ministerio de Trabajo, Carlos Eduardo Barroso .

La encuesta de la CPT revela que propietarios, administradores y empresarios reclutan trabajadores en regiones miserables y los transportan a estados distantes. Generalmente son inducidos por excelentes propuestas presentadas por los <<gatos>>.

Gatos son los reclutadores profesionales, encargados de procurar mano de obra, inclusive infantil. para el trabajo esclavo. Son también responsables del castigo a los que intenan escapar de las haciendas.

Las rutas del tráfico humano son conocidas por las autoridades. Por lo menos i dos de ellas utilizan carreteras estaduales y federales y llevan todo el año a millares de personas a trabajar a estados distantes. Los gatos cooptan personas en el miserable estado de Alagoas y las transfieren a las carboneras de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, distantes más de 1,000 km.

En otra gran ruta del trabajo esclavo, hombres, mujeres y niños salen del Valle del Jequitinhonha, en Minas Gerais, y van también a parar a Mato Grosso y Mato Grosso do Sul.

Pero no todo es negativo. La sociedad brasileña parece estar cobrando conciencia del problema. La CPT consiguió el apoyo de Amnistía Internacional en la campaña internacional contra el trabajo esclavo en Brasil. La Central Unica de los Trabajadores (CUT), la mayor central sindical brasilena, ha instalado un teléfono las 24 horas del día para recibir llamadas gratuitas con denuncias en todo el territorio nacional .

El propio presidente de la República, Fernando Henrique Cardoso, ha sido alertado del problema, que amenaza con dañar la imagen de líder internacional que viene construyendo cuidadosamente.

En un programa de radio de difusión nacional, Cardoso reconoció que hay haciendas en que <<el trabajador esclavo es vigilado las 24 horas del día por matones muy bien armados, y obligado a comprar del dueno de la hacienda todo lo que necesita para sobrevivir. En la mayoría de las veces no sabe ni el precio de los productos que compra>>.

A pesar de los avances, las entidades que combaten el trabajo esclavo prevén muchas dificultades para la erradicación definitiva de esta lacra.

El trabajo esclavo ocurre, en la mayoría de los casos, en sectores ligados a la llamada modernidad, como los grandes proyectos de reforestación y en la agroindustria. Además, el deterioro de las condiciones de sobrevivencia en el campo, la concentración de la tierra y del ingreso, la falta de oportunidades para las familias campesinas, según la CPT, son los grandes obstáculos para la solución del problema.

DESDE RI0 DE JANEIRO, CARLOS TAUTZ, CORRESPONSAL DE NA.


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